Comunicado de Prensa

COMUNICADO DE PRENSA

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¿Y ahora, quien podrá atendernos?

Sobre las violencias en los servicios de salud

 

Por: Irene Torices Rodarte y Sara Yaneth Fernández Moreno
16 de noviembre de 2022

¿Qué tiene?

Doctor, estoy cansada de sentirme enferma, cada mes vengo con gripe, con diarrea, con molestias para orinar…

«Yo también estoy cansado, es por los cambios de temperatura y lo de la orina es porque no toma suficiente agua»

Si tomo agua doctor, al menos dos litros diarios y procuro andar siempre abrigada…

«Es que no es al menos dos litros diarios, hay que tomar más agua»

El médico se levanta de su silla, revisa mis ojos, garganta, escucha mi respiración, corazón y regresa a su silla; instruye a la enfermera para que realice las recetas para el problema respiratorio…

Y para la diarrea y el malestar al orinar doctor…

«Póngale también ‘X’ cada 8 horas por 5 días»

Termina la ‘consulta’, a la que asisto mensualmente por mis medicamentos los de mi madre y mi hermana con «ya eso es todo (en tono molesto)», doctor me falta la receta de mi mamá… «aquí esta, adiós»

Esta es la realidad que se vive diariamente en múltiples servicios de salud pública en nuestro país, en donde han proliferado los posters, volantes y trípticos en los que se solicita a la derechohabiencia evitar cualquier tipo de violencia hacia el personal de salud, con lo que estoy de acuerdo, sin embargo, cuando debo regresar a trabajar con todo tipo de malestares, por qué a criterio del médico mi cuadro no amerita licencia médica por enfermedad, el asunto ya no me resulta cómodo, mucho menos cuando la ‘constancia de tiempo’ que elabora la coordinación médica solo se expide por dos horas, aún cuando hayas pasado el día entero esperando la atención a tu salud.

La violencia institucional que se engloba en la negación de acceso a la atención médica o sanitaria o en el trato negligente por parte del personal de salud se ha naturalizado en los servicios públicos de atención médica.

La formación y el entrenamiento médico ritualiza la diferencia y la brecha entre personal de salud, entre hombres y mujeres, asume y absorbe las diferencias y connotaciones genéricas de la sociedad y de la cultura, suscribiéndola en su funcionamiento diario. Las diferencias sociales y culturales no se consideran para mejorar la atención, o enfatizar en la educación y la prevención, sino para justificar las diferencias y naturalizar los ejercicios de poder y las formas de violencia cotidiana ejercidas en la institución, entre compañeros y compañeras de trabajo como entre el personal y la población usuaria después de todo el discurso técnico y científico que prima en la institución que lo avala.

Las prácticas médicas con frecuencia, desconocen las particularidades de las personas, su singularidad social y cultural frente a fenómenos de la vida, la enfermedad y la muerte. En el fondo esta lógica distancia a la institución de las personas, permite la incursión de formas violentas, reduce el ejercicio de derecho a la atención y al servicio y obliga entonces a construirla a visibilizarla, reto importante para la acción ciudadana, para la discusión comunitaria de los servicios que se tienen y con los cuales se cuenta.

La precariedad de la situación se ve exacerbada por las fallas estructurales del servicio, la falta de insumos, la recarga de turnos, el ausentismo y la enorme diferencia percibida entre la institución pública que atiende a población abierta y la institución que lo hace con derechohabientes, quienes cotizan su atención.

La visión público-privado diferenciada, desdibuja en el personal su percepción de desempeñar un trabajo de igual calidad o de adecuada atención, razones todas que se presumen difíciles, si no imposibles de vencer, para desarrollar cambios viables.

La violencia de género en las instituciones de salud afecta tanto al personal que labora en ella, a sus prácticas institucionales, como a la población usuaria del servicio, lo cual vulnera sus derechos y potencialidades y naturaliza e invisibiliza la violencia impidiendo su reconocimiento, tratamiento y abordaje oportuno.

De ahí la pregunta ¿y ahora, quien podrá atendernos? por que para el caso, yo sigo enferma y trabajando.

*Imagen: Gobierno de México, Indesol, #AlasParaElCambio, 2020

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