Comunicado de Prensa

COMUNICADO DE PRENSA

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En el inicio de tu camino al Mictlán

Por: Irene Torices Rodarte

7 de agosto de 2026

*Imagen: ITR

Hoy es uno de esos días en los que las palabras parecen pequeñas.

Porque ¿cómo te despides de alguien a quien amas? ¿Cómo le explicas al corazón que una presencia tan querida ha comenzado otro camino?

Hoy 6 de agosto de 2026, estamos aquí para despedir a Lucero, pero, sobre todo, estamos aquí para agradecer.

Agradecer su vida, sus enseñanzas, su paciencia, sus cuidados, sus sonrisas, sus silencios y el inmenso amor que fue capaz de entregar.

Lucero fue una mujer extraordinaria: sabia, generosa, paciente y profundamente amorosa. Su sabiduría no habitaba solamente en sus palabras, sino también en su capacidad para escuchar, acompañar y comprender; en saber cuándo hablar y cuándo un abrazo podía decir mucho más.

También fue una mujer inmensamente valiente.

Cuando la enfermedad llegó, la enfrentó con toda su fuerza. Hubo días difíciles, cansancio, incertidumbre y dolor; y aun así, continuó. Continuó luchando, amando y siendo ella misma, hasta que su cuerpo finalmente pudo descansar.

Por eso hoy no queremos pensar únicamente en una despedida.

Queremos pensar en el comienzo de un viaje.

Un viaje antiguo.

En la cosmovisión nahuatl, la muerte formaba parte del ciclo de la existencia y, para muchas personas, comenzaba entonces el largo tránsito hacia el Mictlán, la región de los muertos.

Hoy tomamos amorosamente esa antigua imagen para acompañarte, Lucero.

Queremos imaginar que aquello esencial de ti ha comenzado su camino, libre ya del dolor y del cansancio.

Que al llegar a las aguas encuentres compañía para cruzarlas; que el xoloitzcuintle, compañero asociado al tránsito de los muertos, te ayude a alcanzar la otra orilla.

Que las montañas abran su paso.

Que los vientos sean suaves.

Que ningún sendero te resulte extraño.

Que cada paso deje atrás el sufrimiento, la enfermedad y el cansancio.

Y cuando el camino parezca largo, mira detrás de ti y descubre algo hermoso:

todo nuestro amor camina contigo.

Porque no te vas sola, Lucero.

Llevas cada abrazo que diste, cada palabra con la que consolaste, cada sonrisa que provocaste, cada enseñanza que compartiste y cada instante en el que hiciste sentir amada a cualquier persona.

Y aunque llevas contigo una parte nuestra, también conservamos una parte de ti.

Permanecerás en nuestras conversaciones, en nuestras fotografías, en las historias que contaremos sobre ti, en una frase que inesperadamente nos devuelva tu voz y en aquellos pequeños gestos tuyos que algún día descubriremos repitiendo.

Habrá momentos en que tu recuerdo nos haga sonreír y otros en los que nos hará llorar.

Déjanos llorarte.

Porque estas lágrimas también son una manera de decir:

te amamos y nos haces falta.

Hubiéramos querido un día más.

Una conversación más.

Una sonrisa más.

Un abrazo más.

Por eso hoy queremos decir aquello que nunca debe quedar pendiente:

Gracias, Lucero.

Gracias por tu vida.

Gracias por tu paciencia.

Gracias por tu sabiduría.

Gracias por tu generosidad.

Gracias por tu fortaleza.

Gracias por haber amado.

Y gracias por habernos permitido amarte.

Ahora descansa.

Ya no tienes que luchar.

Ya no tienes que ser fuerte.

Deja atrás el dolor, el cansancio y la enfermedad.

Aquí cuidaremos tu memoria.

Aquí pronunciaremos tu nombre.

Aquí contaremos tu historia.

Tú continúa caminando.

Que las ancestras y los ancestros te acompañen en nuestra memoria amorosa y que, al final del sendero, encuentres nuevamente los rostros, las voces y los abrazos de quienes alguna vez también tuviste que despedir.

Y quizá algún día lejano, cuando tengamos que comenzar nuestro propio camino, serás tú quien salga simbólicamente a nuestro encuentro y nos diga:

«No tengas miedo.
Yo ya conozco el camino.
Ven.
Yo te acompaño».

Hasta entonces, querida Lucero:

camina en paz.

Camina ligera.

Camina sin dolor.

Nos quedamos aquí un poco más, aprendiendo a vivir con tu ausencia y comprendiendo que extrañar también es una manera de seguir amando.

Luz María Alvarado Bárcenas:

mujer sabia,
mujer generosa,
mujer paciente,
mujer amorosa,
mujer valiente.

Tu cuerpo descansa.

Tu lucha ha terminado.

Pero tu historia continúa.

Tu memoria permanece.

Y tu amor sigue viviendo entre nosotros.

Tlazohkamati, Lucero.

Gracias por tu vida.

Gracias por tu amor.

Gracias por haber caminado a nuestro lado.

No es olvido.

No es ausencia definitiva.

Es transformación.

Buen camino hacia el Mictlán, Lucero.

Que tu tránsito sea sereno, que el amor te acompañe y que, en la memoria, en el amor o en ese misterio que todavía no comprendemos, volvamos a encontrarnos.

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